11 feb 2016

Un paso en verdadero



Estuve dando tumbos, andando por andar, sin mirar donde pisaba, sin mirar lo que dejaba atrás ni lo que se venía por delante. Pero esto se siente correcto, se siente verdadero, duradero.

Nuevamente levanto la vista y, aunque me llena de miedo no poder ver más allá que un par de pasos, me emociona saber que puede ser que más adelante sigas a mi lado. Me emociona pensar en que tal vez la pasemos mal, que tengamos muchos problemas, pero será un obstáculo a superar juntos.
Tengo miedo, y mucho... tengo dudas, y muchas, pero también me siento llena de fuerza para borrar esas sensaciones de mi cabeza.

Hubiera sido completamente feliz si pudiera saber que me espera en los siguientes años, además de una espera muy larga. No saber es parte la aventura de aprender...no?
Algo he aprendido, y es que esperar no significa quedarte estático, no avanzar. Esperar es vivir tus días con normalidad, pasar el tiempo haciendo las cosas que te gustan, seguir creciendo, conociendo nuevas cosas...y al final del día pensar en ti y saber que queda un poco menos para la meta que supondrá un nuevo inicio.

Tal vez nunca lleguemos, nunca terminemos este recorrido tan sinuoso que nos hemos marcado, pero tenemos la esperanza de que lo haremos, tenemos fe en ello.
Y, aunque pocos lo entiendan o lo intenten comprender, por primera vez en mucho tiempo siento que dejo de dar pasos en falso y doy un paso en verdadero.

No me hizo bien

Lo intenté... y estuve muy cerca de lograrlo. 
Intenté encerrarme en mí misma y disfrutar de la vida. Intenté no pensar, no sentir, solo vivir. 
No sé en qué pensaba, solo quise dejar de sufrir, porque estaba harta del dolor, harta de la soledad. Pensé que necesitada compañía y eso fue lo que busqué. No me detuve a pensar el precio que tendría que pagar por un poco de ella. 
Llegué a sentirme fugazmente feliz, sentía que podía llegar a tenerlo todo sin tener nada. 
Era tan fácil reírme contigo, aunque hablásemos poco. No niego que disfrutaba esos momentos, me la pasé bien y me divertí, me enseñaste otra forma de ver las cosas, sin ataduras ni compromisos, simplemente gozando de la compañía del otro.
El acuerdo era correcto, no parecía tener fallos, yo sabía lo que debía y no debía esperar y tú sabías que no ibas a dar nada más de lo que ofrecías. 
No contábamos con que mi consciencia, mi pasado no me dejase tranquila. No contábamos con que mis ganas de enamorarme fueran más grandes que mis ganas de protegerme y disfrutar.
Pasé una primera prueba sin mayor lesión, casi perfectamente. Según yo, probándome a mí misma que que todo esto de sentir estaba sobrevalorado, y volví a tus brazos, pensando que eso era exactamente lo que necesitaba. 
Pero algo había cambiado, ya no sentía que mis risas fueran sinceras, deseaba que lo fueran,  pero no me salían así. Entonces decidí que lo mejor era abandonar ese acuerdo tan perfecto que ahora me parecía absurdo. 
Me buscaste... aún no entiendo por qué. Querías mi compañía, o eso decías, no querías sentirte solo. Supongo que yo tampoco y por eso acepté nuevamente el acuerdo, me encerré nuevamente y todo parecía ir bien. Resultaste más simpático esta vez, se notaba que hacías el esfuerzo por retenerme a tu lado, me bastó para convencerme de que estaba haciendo lo correcto. 
La última noche volví a sentir esa felicidad efímera, así que cuando me subí en el avión pensé que al volver estaría deseando volver a verte para reírnos un rato en tu cama. 
Pero una vez más subestimé a mi pasado que en realidad nunca ha sido pasado. No sé como, pero logró atravesar la barrera que con tanto ahínco había construido. Ante él, mi barrera no era nada. Me dejé llevar como nunca y fui casi tan feliz como antes. 
Mientras mi barrera caía, me di cuenta de que mi error no eras tú, mi error había sido no detenerme a pensar lo que la compañía podía llegar a costar. Sí, me la pasé bien, pero no me hizo bien.