Estuve dando tumbos, andando por andar, sin mirar donde pisaba, sin mirar lo que dejaba atrás ni lo que se venía por delante. Pero esto se siente correcto, se siente verdadero, duradero.
Nuevamente levanto la vista y, aunque me llena de miedo no poder ver más allá que un par de pasos, me emociona saber que puede ser que más adelante sigas a mi lado. Me emociona pensar en que tal vez la pasemos mal, que tengamos muchos problemas, pero será un obstáculo a superar juntos.
Tengo miedo, y mucho... tengo dudas, y muchas, pero también me siento llena de fuerza para borrar esas sensaciones de mi cabeza.
Hubiera sido completamente feliz si pudiera saber que me espera en los siguientes años, además de una espera muy larga. No saber es parte la aventura de aprender...no?
Algo he aprendido, y es que esperar no significa quedarte estático, no avanzar. Esperar es vivir tus días con normalidad, pasar el tiempo haciendo las cosas que te gustan, seguir creciendo, conociendo nuevas cosas...y al final del día pensar en ti y saber que queda un poco menos para la meta que supondrá un nuevo inicio.
Tal vez nunca lleguemos, nunca terminemos este recorrido tan sinuoso que nos hemos marcado, pero tenemos la esperanza de que lo haremos, tenemos fe en ello.
Y, aunque pocos lo entiendan o lo intenten comprender, por primera vez en mucho tiempo siento que dejo de dar pasos en falso y doy un paso en verdadero.
