| megusta |
El primero me deslumbró con su sonrisa de despedida, era un poco bajo pero qué grande se veía hablándole a una sala llena.
Con el segundo pude haber quedado más tarde... pero al final me alejé como siempre, buscando al perro.
Es una entrada tonta, pero estos pequeños placeres de la vida son los que te dejan una sonrisa al final del día, los que le ponen algo de azúcar a tu rutina y te provocan hacer cosas locas para que se repitan (algo así como sacar a pasear al perro ya encontrado como excusa para ver si te encuentras de nuevo con el amo y señor de un labrador negro precioso).
Con tanta suerte en un día... supongo que se avecina una buena racha para esta muchacha :)
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